"Si en la Primera Escuela se enseñara a Raciocinar, habría menos embrollones en la Sociedad, empachados de silogismos salen los jóvenes de los Colegios a vomitar Paralojismos, por las tertulias, de ahí vienen los sofismas, que pasan por razones, en el trato común y llegan hasta ser razones de Estado en los Gabinetes ministeriales"
SIMÓN RODRIGUEZ
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martes, 8 de marzo de 2011

CONOCER TOTALIDADES

La Posibilidad de todo trabajo político, de la fundación de una sociedad distinta, está en la capacidad de percibir las propias circunstancias. Esto no significa algo parcial, o demasiado cercano a la experiencia más inmediata. Don Simón utiliza el concepto para referirse a las condiciones que hacen a una situación, y lo emplea en el sentido de una totalidad de condiciones. La educación debe apuntar a ese fin, de lo contrario se está partiendo de una percepción parcial de algo tan complejo como la naturaleza y las relaciones sociales.

“1er PRINCIPIO

No hay objeto aislado, el más independiente, al parecer, tiene Relaciones- En los esfuerzos que hacemos para aislarlo, está el trabajo de ABSTRAER. En no perder contigüidades ni adyacencias, consiste la capacidad del sentido = esto es lo que en los juicios llamamos DISCRECIÓN”. Contigüidades y adyacencias, esto es, contexto, hacen a la capacidad de sentido. Ni más ni menos. En esa capacidad donde se juega la posibilidad de pensar en totalidad, de llegar a reconocer todos los elementos de un proceso. Por eso añade a continuación:

“2do PRINCIPIO

El movimiento más Libre tiene Dependencia = la parte moviente, el todo a que pertenece, el lugar, el tiempo, el modo, son circunstancias, y los objetos presentes; Si en lo que enseñamos o queremos aprender falta UNA SOLA relación o circunstancia enseñamos o aprendemos MAL- i si observamos o hacemos observar UNA SOLA, si aprendemos ni enseñamos”.

Objeto de la enseñanza serán los procesos en totalidad, desde los más elementales a los más complejos, siguiendo diferentes grados de abstracción. Estas propuestas alcanzan una mayor complejidad en el escrito sobre Crítica de las Providencias del Gobierno:

“Las circunstancias, en un caso, no pueden ser las mismas en otro: porque todo varía, i varía porque las circunstancias tienen sus circunstancias = cada tendencia, cada hecho, cada estado de cosa, es, al mismo tiempo, circundado y circundante, rodeado y rodeante, i es, porque no hai acaecimiento ni suceso, que no sea al mismo tiempo: Influyente o influido. Toda cuestión, por consiguiente, es un compuesto de cuestiones compuestas de otras cuestiones, por eso son siempre cortas las preguntas y largas las respuestas. ¿Cómo se juzgará la propiedad o impropiedad de una acción, sino por las circunstancias en que se ha obrado o se pretende obrar?-¿i como se calificarán las circunstancias sin atender a las modificaciones que reciben de otra?

(…)

Rodear la cuestión, porque, en efecto, todo está rodeado en el mundo”…

Usamos hoy el concepto de interdeterminación de los diferentes elementos de un sistema. Y empleo este último término no porque quiera introducir algo extraño al cuerpo teórico del maestro. Por el contrario, la noción estaba muy clara en sus escritos:

“La ORGANIZACIÓN se reconoce no por las conexiones que tienen entre sí, las artes que componen un todo, sino por las relaciones en que están (no es lo mismo Conexión que Relación) = las Relaciones se reconocen por las funciones que ejercen unas partes con otras- y las funciones hacen considerar esta parte como un instrumento de la acción general…”

La acción general impregna toda la organización, toda la estructura, diríamos ahora. El principio de totalidad permite ver la necesidad de los fenómenos en sus interdeterminaciones, los procesos naturales y sociales no pueden ser comprendidos a partir de percepciones parciales. Y, como estamos frente a un discurso político, la clave de todas las argumentaciones es la sociedad, es el hombre:

“El que no considera al hombre sino por un aspecto, conocerá una de sus figuras; pero no todas las que constituyen su forma. Si un gobernante pone la mira en una sola propiedad del pueblo, tropieza con las demás…”

Buena parte de los argumentos de don Simón, con relación a la mala interpretación de los fenómenos sociales, tiene en estos textos su raíz. Las críticas a la opinión, a las descalificaciones que se hacen de alguien (en especial de él) porque sus ideas y su conducta no responden a las pautas generales, se enmarcan es esta lucha por lograr percepciones más en totalidad de las circunstancias.

“El modo de pensar se forma del modo de sentir, el de sentir de PERCIBIR i el de percibir, de las impresiones que hacen las cosas, modificadas por las ideas que nos dan de ellas los que NOS ENSEÑAN”.

El modo de pensar se resume en la capacidad de percibir en totalidad, pero a la vez se lo conforma por la relación con las cosas y por la influencia de la sociedad. Ideas e impresiones son la clave de todo pensar. Así se aclara la postura de don Simón con respecto a la primera enseñanza: el aprender a relacionar con las cosas (aprender por el color, las formas, tener un oficio) y a la vez adquirir las ideas de asociación, de común sentir. Los fundamentos teóricos abarcan todas las propuestas, desde las sociales en general hasta las educativas, pasando por los recursos discursivos que el autor utiliza.

Pero si hubiera que poner el acento sobre el lugar que cabe en su sistema a las impresiones y a las ideas, tendríamos que reconocer una cierta preeminencia de las primeras:

“Los conocimientos se dividen en teóricos y en prácticos; y la teórica no es sino el conjunto de preceptos dados por una experiencia consumada-, teoría sin práctica es pura fantasía”.

(…)

Raciocina un hombre, sin saber que raciocina, y llama su lójica NATURAL. Advierte que raciocina, y la llama ARTIFICIAL. Toda diferencia consiste en saber o no saber lo que hace –no puede saberlo sino pensando- y lo que lo obliga a pensarse es, la variedad de aplicaciones que se ofrecen en la práctica: variar un modo de proceder no es derogar los principios fundamentales sino modificarlos- y el camino a la perfección se compone de modificaciones favorables”.

Esta variedad de aplicaciones aparece como una constante en el proyecto educativo. El enseñar a aprender, el evitar el palabrerío y la excesiva cantidad de información; el apoyarse en las cosas para pasar a otros grados de abstracción, apuntan todos a mayor riqueza perceptual, a una ampliación del marco de las experiencias. Lejos estamos del marco de las experiencias. Lejos estamos de la monotonía y de la falta de referentes concretos de la educación tradicional, lejos también de los discursos domesticadores. Digo esto último porque la variedad de aplicaciones la practica también don Simón en su modalidad expresiva, en la riqueza del léxico, en las imágenes, en la apelación a anécdotas cotidianas, en la presencia de un refutador, en la alusión permanente a `posibles opositores a su discurso. Una riqueza de experiencias por el contacto con las cosas, por las ideas y por “la forma que se da al discurso”.

El paso siguiente será el de precisar la capacidad para poner en práctica todo esto. Me refiero a la perspicacia espiritual.

PERSPICACIA ESPIRITUAL Y SEMIÓTICA

Si todo está rodeado en este mundo, si todo es a la vez circundante y circundado, hace falta una capacidad de interpretación, de lectura de las propias circunstancias. Ella fundará una relación distinta con las cosas y con los seres. Las propuestas de don Simón nos acercan mucho a aquella de la “vida social como sistema de signos”. Interesa tanto el reconocimiento de esto como la insistencia en la capacidad de lectura. Los fundamentos presentados en el capítulo anterior nos permiten reconocer esa vida social así percibida, Pasemos ahora a revisar la facultad necesaria para la interpretación:

“PERSPICACIA, es la facultad que cada sentido tiene, con exclusión de los demás, para percibir las diferencias que distinguen un objeto material de otro. Todos los hombres están dotados de esta facultad: su privación total de estupidez absoluta…”

Punto de partida: las impresiones, la relación con las cosas, pero ahora vistas desde el sujeto. Elemento central en la argumentación: “percibir las diferencias”. Este concepto pasará a primer plano en los pasos siguientes.

“Perspicacia espiritual, gusto o Estética, es sentir bien todas las diferencias que distinguen un objeto de otro, cuando el sujeto de la observación es un estado de cosas o una acción –Esta facultad no puede ejercerse sino asociando y combinando situaciones o movimientos, y no es dada a todos los hombres”.

Dos conceptos preciosos acá: gusto o estética y sentir bien. Don Simón no dice “reconocer” “tomar conciencia”, “analizar”. Mantiene la referencia a la definición inicial, esto es, considera la posibilidad de captar algo en su totalidad como un modo de sentir los estados de cosas y las acciones. Las Palabras “estética” y “gusto” no aluden aquí al arte, sino a la raíz del primer término, que tiene relación con el comercio, con los sentidos. La facultad “no es dada a todos los hombres”, don Simón reconocía la existencia de un “talento natural”, pero se la puede desarrollar, educación mediante.

“No obstante todos sienten una necesidad de juzgar, aunque no hayan nacido para jueces: esta es la causa de la injusticia de los hombres, contra la cual claman por un principio de justicia- (…) La constitución, los afectos, la situación, el tiempo, las facultades, los medios deciden, para un juicio en que domina el gusto, la necesidad o la conveniencia de una acción”.

Aparece con toda claridad en este párrafo la intención del maestro. No nos ha invitado a racionar sobre las perspicacia por una cuestión teórica, su preocupación es la “necesidad de juzgar”. Cuando la misma se practica sin tomar en cuenta la totalidad de condiciones de un proceso, se cae en la injusticia. El juicio requiere de todos los elementos mencionados. Cuando tratemos el tema de la opinión podremos percibir la importancia que tenía para don Simón el juicio fundado en razones, en conocimiento de totalidades. Uno de sus constantes enemigos fue, precisamente, el juicio aventurado, carente de bases. Se quejó siempre del daño que hace a los pueblos la opinión apoyada en meros pareceres.

“Los medios llaman al estudio de este conjunto de influencias, indicadas por signos peculiares a cada una SEMIÓTICA, y su clasificación SINTOMATOLOJÍA, tratado de las concurrencias, es decir, medicina jadiciaria. El médico que no es perspicaz, sensible, delicado, refiere todos los signos al signo dominante –las semejanzas o diferencias aparentes lo confunden- sus concepciones son erróneas –y su juicio aventurado. No es culpable; pero es perjudicial: no tiene sagacidad para descubrir síntomas que se le presentan disfrazados –no advierte que resaltan poco- atribuye sus yerros a faltas que no están en lo que juzga, sino en su atención o en su capacidad”.

Hemos recorrido muchos años en nuestra América para llegar a percepciones similares a las que nos ofrece don Simón.

Abordar situaciones, mensajes desde una perspectiva parcial, dejarse llevar solo por el signo dominante, cuando todo se resuelve en totalidad de signos, de acciones, de influencias; atribuir nuestros yerros y faltas a lo que estamos analizando, y no a nuestra capacidad…¿No es todo esto una presentación preciosa de lo que venimos pregonando en nuestras escuelas de comunicación como destino de la lectura crítica? Don Simón no solo propone esta última, la práctica en sus ataques a la opinión y en su Defensa de Bolívar; toda esta obra, de la cual estamos tomando las citas que ahora nos ocupan, es un trabajo discursivo impecable, una impecable aplicación de recursos de lectura crítica.

Pero sigamos el viento maravilloso de su argumentación:

“sobre estos datos debe fundarse la definición del entendimiento o (figuramente) del talento. Descubrir diferencias, donde el común de los hombres no ve sino semejanzas, o viceversa. No ver sino semejanzas, donde el común de los hombres supone diferencias, en breves términos PERSPICACIA INTELECTUAL”

La base del entendimiento está en el sentir bien, por lo que no estamos ente una propuesta de abordaje teórico-conceptual de las situaciones y de los procesos. “No hay teoría sin practica”, en este punto don Simón no admitió fantasmas, fantasías.

Y como el destino de todo el discurso es el trabajo político, la práctica de esa percepción esa totalidad se orienta hacia la educación, hacia el buen gobierno. Veamos otra forma de presentar el asunto:

“OBSERVAR, es ponerse delante de un objeto, para guardarlo, es decir, para apropiárselo. REFLEXIONAR es hacer reflejar la imagen entre: el objeto que le da y el sentido que la recibe. Meditar es ponerse EN MEDIO, de las imágenes para compararlas, es ver a un lado y otro. EL GOBIERNO DEBE, abrir los ojos para OBSERVAR, fijarlos para REFLEXIONAR y cerrarlos para MEDITAR”.

Podríamos multiplicar los ejemplos. El ejercicio de esta capacidad no se convierte en algún jueguito intelectual. la “jente nueva” será formada en esta perspicacia, habrá que cambiar costumbres de opinión, habrá que pedir a los gobernantes que rijan su acción por estos principios. En la percepción de la complejidad social, en no dejarse llevar por los signos dominantes, se juega el destino de la utopía.

EL DISCURSO ANTI-UTÓPICO

Nos referimos al discurso anti-utópico por lo menos desde dos perspectivas:

1.- las experiencias que se echan a rodar en las relaciones cotidianas.

2.- las formulaciones políticas explícitas.

Ambas preocuparon mucho al maestro. Insistió una y otra vez en que con discursos y decretos no se le cambia la vida a nadie. Era necesario crear una nueva opinión tanto para el discurso cotidiano como para el político. Tarea nada fácil por cierto. A don Simón se lo atacó por loco, hereje, ladrón, extranjero. La opinión no dejó nunca de perseguirlo, como tampoco él de enfrentarla. En razones y no en opiniones había que fundar la patria, y en todo caso conceder algún espacio a opiniones positivas apoyadas, en última instancia, en razones. ¿Cómo se origina esa corriente discursiva que nos tiene ocupados hasta el presente? ¿Cuáles las fuentes de esos recursos de consenso que a veces han llevado al poder a verdaderos monstruos? El origen está en el parecer, actitud absolutamente contraria a la de la perspicacia espiritual. si ésta requiere de la captación de los procesos en totalidad, aquél es el producto de primeras impresiones.

“El resultado de las primeras impresiones se expresa con la palabra PARECER, que, en el fondo, quiere decir: Dudo en mi observación.

(…)

El que no tiene a quien consultar (…) y (…) no emplea nuevos medios de observar, se queda por algún tiempo, en su Parecer, y familiarizado con él lo confirma llamándolo OPINIÓN. Consulta su OPINIÓN, en un caso dudoso (como lo hizo con su PARECER) y da con otros que tienen la misma, porque no tuvieron con quién consultar sus pareceres y se consultaron. –Entonces, entre todos forman una OPINIÓN, que consideran general.

(…)

TODOS LO DICEN

En este estado no hay quién no se atreve a llamar OPINIÓN RAZÓN (…) Aquí los PARTIDOS…aquí el TODO HECHO PARTES”

La opinión tiene su origen en el parecer individual, nada más alejado, pues, del sentir común, de la asociación. Y, reunida, con otros pareceres, no es más que una suma, pero nunca un todo. En el “todo lo dicen” se oculta una radical carencia de unidad. En esto descansan los partidos, poco puede hacerse por esos caminos para fundar una república.

“La OPINIÓN no es sino un PARECER ENVEJECIDO; pero nunca la opinión envejecida podrá llamarse razón”.

Es esa la clave de la argumentación. Un error compartido por muchos, se ha dicho en nuestro tiempo, no deja de ser error. Don Simón afirma que los pueblos se dan a conocer por la opinión, y que por ella se ve si están civilizados o nó. Recordemos que para él con los viejos no se podía fundar una nueva sociedad.

“Apelar a la opinión pública solo porque es PÚBLICA para tener RAZON, es lo mismo que estarse ahogando y manotear para recoger aire en medio del agua”

La Sociedad Nueva se fundará en Razones, cualquier otro camino es o un retorno al sistema anterior o una invitación a la anarquía. Como la opinión es un concepto confirmado. “sea cual fuere el concepto y sea cual fuere el motivo de su confirmación”, se basa, en certidumbres que a veces pueden llevar al aniquilamiento de las personas que tienen otras contrarias. De las desavenencias fundadas en pareceres surgen las disputas; controversias, en términos más suaves.

“…las disputas y las controversias son interminables y la necesidad de concluir algo, hace que se piense en acabar con las personas”

La lucha contra la opinión establecida tiene más de un motivo, por una parte se trata de cerrar el camino a las disputas, fuente de persecuciones y muertes; por el otro de rechazar el discurso anti-utópico. Habrá que cuidarse de la opinión pública exagerada, porque es una “enfermedad mental”. Resulta fácil reconocer esto, lo difícil es corregirlo.

En el discurso anti-utópico se inscribe en primer lugar una máxima que el maestro atacó siempre: “cada uno para sí y Dios para Todos”. Ella representaba el individualismo, la falta de conocimiento en los principios sociales, la indiferencia hacia las cosas públicas. En no pocas oportunidades propuso máximas nuevas, destinadas a lograr una opinión distinta. Así con respecto a la anterior: “cada uno para todos y Dios para uno”.

Revisa una y otra vez máximas antisociales, como “ser esclavo para no servir en la milicia”, “no tener voluntad para no responder a sus acciones”, “ser despreciado para despreciar”.

“Estas máximas se inculcan, desde mui temprano, en las masas, como haciendo una especie de almácigo, para cultivarlas después, por clases y por jéneros…Con el mayor número se abulta la opinión favorable al SISTEMA, i con el menor, tiene un cuerpo de atrevidos para defenderlo”.

Aclaro, es don Simón, no yo, quien subraya l apalabra “sistema”, palabra que nos hemos agotado de repetir en nuestro siglo con idéntico sentido. Cuando nuestro autor invita a formar un cuerpo consultivo para rejir la educación, pide que no le integren “aspirantes a Sancho Panza” que vienen con máximas como que nada puede cambiar, que al que se mete le va mal, que siempre las cosas seguirán iguales.

Le preocupaban muchos los efectos de estas máximas. Por ejemplo, un hombre acaudalado, que le dice a su hijo “Si no quieres se jente (esto es, abogado) tendrán que aprender un oficio”. Se preguntaba don Simón qué quedaría en el alma de un niño al cual se le presentaba de esa manera el trabajo manual. Rechazaba las opiniones de tipo xenófobo, las que, por cierto, tuvo que padecer una y otra vez. Denunciaba el “lugarismo” y decía que no había nada más patriota que un tonto. Rechazaba la descalificación sin más de los discursos, con el argumento de que eran heréticos.

“Cada época, que hacen las vicisitudes de las cosas, en la opinión pública se distingue por ciertas ideas opuestas, que se levantan sobre las demás: esta sirven de texto en el trato común, y de pretexto para combate. Godo –Insurgente, y Hereje son las de la contienda actual en América- no todo realista es GODO, ni todo republicano insurgente”.

Texto en el trato común y pretexto para combates, formulación preciosa de la manera en que se originan los rumores, las descalificaciones; del modo en que se difunden los prejuicios, las habladurías. En la cuna del texto se entretejen a menudo los hilos que deciden la vida de un hombre, cuando los “Comentarios” y las inocentes “conversaciones” se vuelven pretexto, se afilan como cuchillos en momentos de combate.

De cambiar esto se trataba, de crear una opinión distinta, fundada en razones. El medio, por supuesto, la educación. Propuso nuestro autor un sistema que iba desde las sentencias a los refranes.

“Cuando una Verdad llega a obtener el asentimiento de los sabios, es sentencia, porque solo ellos sienten bien su importancia –Si comprende otras verdades, se llama sentencia máxima, o MÁXIMA solamente, por abreviar –Si se cita o adelanta, en apoyo de una doctrina, es proverbio –Si es mui conocida es adagio –i cuando se hace vulgar es refrán.

Sube la verdad de sentencia a proverbio –i baja de proverbio a refrán; Proverbio, Máxima, sentencia, adagio, refrán…”

Se trata de cambiar eso, de que los refranes reflejan también la verdad de las sentencias. Modificar una de las claves del sostenimiento de la opinión, del discurso anti-utópico, en la vida cotidiana.

“Compongamos, con estos pensamientos algunas sentencias MAXIMAS que se tomen por PROVERBIOS en la Educación Mental, que, siendo los adagios en las Escuelas, pasan a ser refranes en el vulgo NUEVO, que las luces del siglo se proponen hacer en el NUEVO MUNDO”

Esta propuesta se orienta decididamente hacia una transformación de los modos de juzgar propios de la vida diaria. Don Simón reconoció que ésta jugaba un papel decisivo en cualquier proceso de transformación social. Pero también reclamó una revisión de los modos de juzgar en instancias sociales más cercanas al Estado. Nadie podía ser juez sino fundaba su percepción en razones. El maestro recela a menudo de los abogados y compara los tribunales con un matadero. Sobre todo es la Defensa de Bolívar insiste en que con pareceres no se puede juzgar ni la vida ni las acciones de nadie.

La opinión iba muy ligada a la ignorancia, pero para colmo con un barniz de razón que a menudo la convertía en árbitro de conflictos. La única forma de cambiar eso empezando desde la primera niñez. Las opiniones terminaban por configurar un sentido a través del cual se revisaban, clasificaban las impresiones. Precisamente ese sentido era el que debía ser cambiado a la luz de la percepción en totalidad de las circunstancias, de la propia situación social.

Pero además, ese sentido estaba todavía demasiado inmerso en la herencia colonial. En la vida cotidiana y en las prácticas políticas, se arrastraban pareceres que podían poner fuertes obstáculos al proyecto de sociedad nueva. La experiencia de Chuquisaca le demostró a don Simón que la opinión, (el discurso anti-utópico, decimos) estaba todavía, demasiado viva. Las formulaciones políticas explícitas fueron parte de este enfrentamiento con el discurso anti-utópico. Si bien aparecen a lo largo de toda la obra, donde alcanzan una enorme identidad y un grado de refinamiento, en lo que a análisis se refiere, es en la Defensa de Bolívar. La obra toda, hemos indicado, constituye una confrontación discursiva. Nuestro autor se ocupa de los dimes y diretes que circulaban en torno al libertador. No solo de los que se lanzaban a rodar por medio de las relaciones cotidianas. También de los libelos que brotaban por todas partes. he incluido al final de este trabajo, en la sección Documentos, las páginas que dedica a la evaluación de un manifiesto de José de la Riva Agüero, expresidente del Perú y gran mariscal de los Ejércitos. Remito al lector a ese trabajo de don Simón. Me interesa destacar aquí la metodología de análisis seguida, porque, al parecer, tiene mucho de semejante con lo que desde hace algunas décadas viene llamándose análisis de contenido.

Como puede apreciarse, nuestro autor en columna el manifiesto a la izquierda de la página, y a la derecha va anotando los calificativos que se vienen en el mismo, paso a transcribirlos de corrido:

“Oprobio, perverso, criminales aspiraciones, abominable, iniquidades, delitos, baja intriga, calumnia, espionaje, persecución, muerte, desmoralización, libertinaje, horroroso, asesinatos, cadalzo, saqueo, tobo, falacia, depravado perturbador, cadáveres, cenizas, tigre hambriento, cruel dominación, victimas, loca y detestable ambición, medios bajos y groseros, usurpador, calumnias, decapitación, degüello, exterminio, atrocidad, asesino, delito embustero, tirano, depravado, despotismo, hipocresía, afrenta, tirano, monstruo abominable, disfraz, máscara, execrables crímenes, falsos profetas, lobos hambrientos, encarnizados, usurpador, cábalas, calumnias, asesinatos, destrucciones, saqueos, intruso, salteador, entrometido, apropiarse riquezas, aherrojar moradores, villanía, mentira, criminal ambición, fuerza, astucia, usurpador, cadáveres, bajezas inauditas, groseras calumnias, sumas sustraídas y escondidas, tramas, intrigas, tirano, mercenarios”

Todo esto aparece en el “manifiesto”, no hay más que separarlo para comprobar el tono, las intenciones. Pero el maestro hace algo más: cuantifica. Cuenta todas las palabras del texto, les quita preposiciones, conjunciones pronombres y artículos y saca de las restantes las “calificantes” y las “indiferentes”. Es decir, nos muestra cómo se distribuye el intento de llevar la percepción de los destinatarios, según el “contenido manifiesto del mensaje”, como diríamos en nuestro tiempo. El porcentaje de infundios es tan elevado que le permite a don Simón un símil de este tipo de discurso:

“Al ver tanta tan asquerosas (palabras) le parece ver (al defensor, esto es, al propio Rodriguez) es el vocabulario español, un barco de las costas del Perú: estos barcos abundan en un prodigioso número de CUCARACHAS, que de tiempo en tiempo se alborotan, salen de sus nidos y se esparcen por todas partes –en términos de no dejar un solo punto visible: no se sabe el motivo de su aparición, como se sabe el motivo aparición de las palabras; pero el caso es el mismo. Tal vez, por esta semejanza, habría convenido dar al presente artículo no el título de MONSTRUO, sino de CUCARACHAS”

El método de análisis va combinando lo cuantitativo con lo cualitativo, o bien ese toma en texto y se lo trabaja a través de esos porcentajes, o bien se avalúa una frase, una expresión en particular, y se la contextualiza, tanto en el discurso que la engloba como en las circunstancias que la originan. Don Simón juega con texto y contexto, con lo manifiesto y lo latente. Si nos presenta un material de inmediato nos invita a “ir a las intensiones”. Esta riqueza de recursos le permite no solo llevar adelante su defensa, sino también adentrarnos en los juegos de intereses de la época, en las pasiones (argumentos fundados en ellas no valen, afirma), en la manera en que percibían al Libertador los antiguos dueños del Poder y los aspirantes a obtener aunque fuera una miserable cuota del nuevo.

La Defensa de Bolívar constituye un cuadro magnífico de la época y a la vez una muestra de cómo los recursos del análisis de mensajes pueden formar parte de una lucha política.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN

No era, sin duda, una mera confrontación discursiva. A la base de ella estaban los intereses todavía muy vivos de la colonia. Los rumores, los libelos, iban de la mano de medidas muy concretas. Los hombres públicos eran atacados por la injuria y por las armas. Nuestro autor menciona entre otros a Rivadavia, O’Higgins, San Martín, Sucre. Asesinatos, atentados, destierros, nadie parecía ser digno de confianza en las jóvenes repúblicas. Y sin embargo, una reorientación del discurso, podía a los ojos de don Simón, aportar mucho a la vida Social. No era el caso de centrar toda la atensión, como se había venido haciendo (y por cierto, se sigue haciendo hoy), en el desarrollo de ciertas capacidades y destrezas. Frente a la creencia de que la primera escuela se reducía a primeras letras, el maestro planteaba una distinción que bien podríamos recuperar.

Ideas, comportamientos sociales, de un lado y medios de comunicación, de otro.

Durante mucho tiempo habían sido confundidos medios con fines. Esto lo llevó a afirmar “ideas, primero que letras”. Donde “primero” no significa negación, sino prioridad, antecedente. La escuela popular estaba llamada a desarrollar la sociabilidad, la capacidad de sentir común. Y también a dar los medios de comunicación para cumplir con esos fines, pero no para reemplazarlos. Porque sino se tiene ideas, qué se podrá leer, qué sentido se podría sacar al texto, a las propias circunstancias?

“¿Qué leerá el que no tiene ideas, excepto unos pocos Romances, que tratan de amores, cavernas y espantos, no hai lectura que se emprenda, sin ideas de la materia. Creer lo contrario, es pensar como aquel pobre campesino, que compraba anteojos para saber leer, porque veía ponerse anteojos para leer”.

¿Alfabetización para qué?, hay quienes han preguntado en nuestro tiempo ¿Para poner a la gente a disposición de la oferta de los medios masivos? Alfabetización sin conciencia, sin trabajo en común, sin percepción de la propia situación, carece de todo sentido, decimos, insistimos hoy. IDEAS, ANTES QUE LETRAS…No deja el maestro de jugar con la palabra y la ironía. Cuando propone los “medios de comunicación” clara que no alude a “Caminos, posadas y acarreo”.

“Los Medios de Comunicación que se dan en la Escuela son: Calcular, hablar, raciocinar, escribir y leer. PORQUE, para persuadirse y convencerse, y para convencer y persuadir a otro, Y PORQUE la escritura sirve: para calcular, para acordarse, para comunicarse a distancia, para instruir, y para salvar del olvido los hechos interesantes. VÉASE SI ES IMPORTANTE, destruir errores en la infancia, pronunciar, articular y acentuar las palabras, fijar su significación, ordenarlas en frases, darles el énfasis que pide el sentido, dar a las ideas su expresión propia, notar la cantidad, el tono y las figuras de construcción”.

Son medios de comunicación el cálculo (don Simón pedirá para esto mucha lójica y mucha matemática), el hablar (desarrollará todo un acercamiento entre la palabra oral y la escrita), el raciocinar (ligado al cálculo) y el escribir y leer que aparecen con toda claridad en los dos últimos cuadros. Leer era el momento final de la educación. No se llegaba a ese medio de comunicación sin ideas sociales y sin los instrumentos del cálculo, del habla y del raciocinio.

“Leer es resucitar ideas sepultadas en el papel; cada palabra es un epitafio: llamarlas a la vida es una especie de milagro, y para hacerlo es menester conocer los espíritus de las difuntas o tener espíritus equivalentes para subrogarlas; un cuerpo con ama de otro, sería un disfraz de carnaval; y cuerpo sin alma, sería un cadáver”

La misma actitud hacia los procesos sociales y los fenómenos naturales se tiende hacia la lectura: para captar todos los signos para no dejarse llevar por el signo dominante, hay que conocer temas, hay que llegar al texto con una capacidad de sentido. De lo contrario uno interpreta cualquier cosa, le mete el alma a otro cuerpo o bien no alcanza a entender nada.

“LEER, es el último acto en el trabajo de la enseñanza. El orden debe ser…Calcular-Pensar-Hablar-Escribir y Leer; No…leer-Escribir y Contar”

“Leer con sentido”, dirá en otra parte. Las propuestas tienen una coherencia terrible. La lectura de las situaciones sociales debe ir ligada a la lectura de los mensajes escritos. De un lado y de otro nuestro autor busca asegurar un apercepción distinta de la que venían desarrollando la escuela tradicional y la sociedad toda. El análisis de mensajes, diríamos hoy, el análisis del discurso, es la continuación, el complemento del análisis de la sociedad misma y de la naturaleza. La perspicacia espiritual no está para jueguitos de intelectuales. En esta capacidad de lectura se conjuntan las palabras y las cosas, las palabras y los seres. No estoy metiendo a presión esta obra en algunas hermosas propuestas de Foucault. Don Simón se refiere en más se una oportunidad al asunto:

“Palabras no son cosas, pero sirven para ordenarlas”, por ejemplo. Pero volvamos a nuestro tema “PRECEPTOS SOCIALES! Objeto principal de la Escuela!, Lo demás que se enseña en ella se traduce en dar MEDIOS DE COMUNICACIÓN, como HABLAR, ESCRIBIR, CALCULAR”

Pero se tendrá mucho cuidado con esos medios. Pone en ellos don Simón un énfasis constante, debido a la manera en que se domestica toda forma discursiva en la escuela, al modo en que se mal enseñan esos instrumentos. Dicho de otra forma: la escuela se reduce a sistemas de lenguaje, la escuela tradicional. Nada hay en ella de preceptos sociales ni de prácticas, de oficios, de contacto con tierra, metales y maderas. Y para colmo, a pesar de que se funda solo en lenguaje, lo enseña y lo hace practicar mal. Don Simón no utiliza la expresión “sistema de lenguaje”, pero critica esas practicas una y otra vez:

“LEER, ESCRIBIR, i CONTAR, es la Cartilla de las 1eras. Escuelas. LEEN, porque dicen atropelladamente, lo qe está en un librito qe saben de memoria. ESCRIBEN, porque llenan páginas enteras de rasgos i Palotes, de prisa pa acabar pronto. CUENTAN, porque cantan a gritos, la tabla, dicen…. doj vej doj = cuatt. trej vej sij = disioch; Si multiplican dicen… ocho po diej = ocehnt; si restan. quien de sinc, sic = náa; si dividen: en nueb siet= unn= i quean doj”

Y añade que lo mismo sucede con la lectura, ponen los maestros a los niños, por meses a cantar pe-ápa. pe-épe, pe-ípi…igual en el viejo mundo: “Yo he vivido muchos años allá, enseñando y viendo enseñar. No hablo por noticias”.

El verbalismo tradicional fue denunciado por don Simón con la misma fuerza con que muchos lo siguen haciendo ahora. Imposible formar, fundar repúblicas, con papagayos, con charlatanes, con quienes confunden las palabras con las cosas. El maestro llamaba la atención sobre los limites del discurso. No descalificaba la parte que a las palabras, a los escritos, le toca en la sociedad, pero reconocía esos límites.

“Con DECRETOS no se instruyen los pueblos, ni con RECETAS, se curan los enfermos”… Y más aún, con decretos no se cambian situaciones: “¡Empezar una CONSTITUCIÓN POLÍTICA! en nombre de Dios todo poderoso, autor y legislador de las Sociedades…HUMANAS!... i creer que con encabezamiento, se convierte un pueblo en otro….DE REPENTE (…)¡Declarar le INDEPENDENCIA diciendo que el País no es, si SERÁ JAMÁS! Propiedad, de una persona, de una familia, ni de una jerarquía; ¡ante Familias y Jerarquías que se creen dueños, no solo del suelo sino de sus habitantes!...con herederos forzosos instituidos por las leyes. (…) ¡Parece plan para un Romance!”

Sería injusto atribuirle al maestro la creencia de que con la escuela, con la lucha contra la ignorancia, podían acabarse los privilegios sociales. Sabía muy bien que se requerían obras, y su propuesta de ley para el establecimiento de colonias es muy clara en esto. Más aún, en su Defensa de Bolívar, afirma que el Libertador se vio obligado a entrar al Perú porque allí continuaban vigentes las practicas coloniales. Pero a la vez reconoció, en sus últimos escritos, que había un tiempo de las armas y otro de las plumas. Si ello tenía valor para el trabajo político, la formación de quienes conformarían la sociedad nueva se apoyaría también en el discurso. Y no solo la de ellos, sino también la de quienes estarían a cargo de la conducción. Dos líneas de análisis se nos abren aquí:

LAS TÁCTICAS DE LA PALABRA

“Hablar a cada uno en su lengua es la táctica de la palabra”…Esa afirmación, hecha por nuestro autor es el Galeato a sus Luces y Virtudes Sociales, nos ilumina buena parte de su trabajo. La táctica de la palabra ocupó su interés en todo momento: había que adaptarse a los distintos interlocutores y había que dejar atrás viejas tácticas. Estas eran, en especial, formulas retóricas, ancladas en privilegios de la Colonia:

“En los exámenes no ha de haber, como en Europa, discursos Académicos, Funciones con iluminación, Refresco, Música y Pastelitos, el Gobierno, no será llamado! ni filantrópico!. Los Muchachos, no serán tiernos Pimpollos! ni esperanza de la Patria!. Los Maestros, no habrán recogido frutos precoces! de incesantes desvelos”

Ese palabrerío, que no ha desaparecido del todo de nuestros países, servía para resaltar formas de vida que don Simón quería superar. Denunció siempre el uso de palabras “ahuecadas”; a quienes sueltan toda una verborrea y no tienen base para fundamentarla. Se divertía recordando a un sujeto que “caía en magnitudes” para expresarse “¡Qué arbolazo! ¡qué culebrones!”, cuando no sabía como mostrar algo que apenas si conocía. Uno de los antagonistas más fuertes de la Defensa de Bolívar es l antigua retórica, expresada también en fórmulas de la vida cotidiana.

Pero el maestro no cayó en la trampa que nos viene acechando hasta nuestros días: me refiero al intento de negar, a nombre de un discurso orientado a la verdad, cualquier concesión a los destinatarios. Pienso en la tendencia educativa a descalificar todo elemento retórico, como si se tratara de algo maligno en sí. Hemos revisado este tema en nuestra obra Voluntad de verdad y voluntad de espectáculo. Recordemos aquí que a nombre de formar a los jóvenes en la “verdad”, se ha pretendido en más de una ocasión someterlos a un discurso carente del más mínimo atractivo.

Tal atractivo no dejó de ocupar nunca al maestro. Si se trataba de dejar atrás tácticas de la palabra que poco y nada aportaban a la creación de la “jente nueva”, había que buscar otras, válidas par los contemporáneos y las generaciones futuras.

“MAESTRO es el dueño de los Principios de una CIENCIA, o de un ARTE, sea Liberal, sea Mecánico, i que transmitiendo sus Conocimientos sabe hacerse ENTENDER i COMPRENDER, con GUSTO”.

No cualquiera esra dueño de ese arte. Para la “jente nueva” se necesitaban seres preparados para educar, no para divulgar. Esta distinción es presentada por don Simón cuando se refiere a la necesidad de la Escuela Popular. Lo que se ha hecho hasta entonces es divulgar, sea a través de pregones o de la enseñanza. Pero divulgar no es educar. Una formación distinta implica la necesidad de “jerenalizar” ciertos principios, los llamados a formar un común sentir.

“Se DIVULGA todo lo que se difunde en el vulgo, por medio de pregones, carteles o gacetas, pero no se jeneraliza sino lo que se extiende CON ARTE, para que llegue SIN EXCEPCIÓN a todos los individuos de un cuerpo”

Pregones, carteles y gacetas eran los medios de entonces, medios de divulgación, para utilizar el término, sin duda más correcto que el de “comunicación”. La mera exposición a la información no aseguraba, ni ha asegurado nunca, una educación. “Extender con Arte” significa una relación distinta a la de la recepción de algún mensaje. El tan mentado valor educativo de los medios, queda aquí puesto en cuestión.

No obstante, nuestro autor se mantiene fiel a las “diferentes tácticas de la palabra” y reconoce la necesidad de adaptarse también al interlocutor tal como es, y no tal como podría ser a partir de la educación. En carta a Bolívar de 1825 le dice: “No olvide U. que para el hombre vulgar todo lo que no está en practica es paradoja”. En Sociedades Americanas insiste en la necesidad de la relación entre los discursos dirigidos al pueblo y la situación de éste:

“Que por mas que se trabaje en desimpresionar a los pueblos de la idea que tienen formada de su suerte, nada se conseguirá, sino se les hace sentir los efectos de una mudanza. ¿Cómo se hará creer a un hombre, distinguido por ventajas naturales, adquiridas o casuales, que el que carece de ellas es su igual?¿Cómo, por el contrario, creerá otro que nada le falta, cuando esta viendo que carece de todo? Y ambos, ¿Cómo se persuadirán que han pasado a otro estado, si se ven siempre en el mismo?. Se discurre, se promete, se hermosean las esperanzas…¡pero nada de esto te toca! El hombre sencillo no gusta de hipótesis, porque no sabe suplir (…tal vez no puede…) Procédase de otro modo y se excitará su sensibilidad”.

“Nada de esto te toca”. La alusión a los límites del discurso, cuando se lo confronta con l apropia situación. hay un pasaje precioso que el GALEATO, donde don Simón se defiende de la acusación de meter toros en políticas, esto es, en cosas serias. Dedica dos páginas a recuperar las formas coloquiales en que aparece el toro o alguna figura derivada del toreo, y concluye:

“¿Con qué otra cosa, pues, que con TOROS y con CUERNOS, se hará entender mejor, el que quiera persuadir a un pueblo acostumbrado a hablar con un TORERO?”

Y en el mismo Galeato rechaza la acusación de que enseña con “cuentecitos”. Don Simón conocía muy bien el valor del relato para llegar a destinatarios. En muchas oportunidades recupera técnicas del mismo, nos recrea una situación, nos pone frente a personajes enfrentados, nos crea un clímax. Habría que revisar buena parte de su obra a luz del relato.

“Los cuentos también tienen sus reglas, y la principal es, que aunque lo que se dice sea supuesto, lo que se quiere decir se cierto, esto es, aplicable a cosas ciertas. El cuento sin referencia, es mera relación de un hecho, cierto o verosímil –el cuento bien aplicado es una moralidad”…La alusión a la “verosimilitud” no es nada casual, el maestro sabía muy bien de lo que hablaba, conocía bien sus técnicas. Las tácticas de la palabra tenían por destino la persuasión y el convencimiento. La primera se practicaba con el que sentía algo, el segundo con el que sabía, pero a la vez sentía. En Crítica de las Providencias del Gobierno aparece es distinción. Lo interesante es que, aún en el caso del convencimiento, no desaparecía el sentir. Por eso afirmaba en Luces y Virtudes Sociales.

“Lo que no se hace sentir no se entiende, y lo que no se entiende no interesa; llamar, captar y fijar LA ATENCIÓN, son las tres partes del arte de enseñar, y no todos los maestros sobresalen en las tres”

Recordemos que en el trabajo sobre la perspicacia espiritual habían aparecido expresiones como “gusto” y “sentir bien”. Del lado de quienes debían contribuir al desarrollo de la perspicacia había que tener en cuenta también la sensibilidad. Si se enseñaba a “sentir bien” a través de un arte, y no por medio de la divulgación, era posible que los jóvenes aprendieran a percibir su propia situación y a expresarla. De esto último nos ocuparemos en el capitulo siguiente. Por la educación había que comenzar a romper el círculo vicioso de una comunicación viciada, o una falta de comunicación.

“Si he dado aquí mi parecer, con la práctica, ha sido para ayudar a esta pobre gente a levantarse del abatimiento en que la tiene, la falta de comunicación. Entiendo por pobre gente, la que por condición social, vive en la abyección”.

Las tácticas tenían. pues, un sentido. Había que pensar en extenderlas a los jóvenes, en hacer que ellos se apropiaran de tales recursos de comunicación.

LA GRAMÁTICA Y LA POLÍTICA

En muchas oportunidades el maestro hace comparaciones entre la lengua y el gobierno. Por ejemplo, en la introducción a sus Sociedades Americanas presenta un paralelo entre ambas y nos va mostrando cómo la anarquía en la lengua tiene que ver también con la anarquía social. Pero no era solo el caso de buscar símiles. Es que la política se fundaba también en un lenguaje adecuado.

“no se ha de andar jugando a la Pelota con los hombres ni con las cosas. Verdadera POLÍTICA y verdadera GRAMÁTICA”

El lenguaje esra un instrumento de comunicación válido para expresar el sentido, para la relación social, para el conocimiento y, cosa que don Simón quería cambiar, para el ejercicio del poder. La mención que hace sobre la posibilidad de que vinieron a nuestros países maestros extranjeros es muy precisa; nos quitarían el habla, no nos quedaría recursos ni para pedir pan. Se trataba de mejorar el idioma, de frenar su deterioro. Recordemos la propuesta de captar los procesos sociales en totalidad, el lenguaje era una pieza clave para ello.

“-ENSEÑARÍA (a la infancia) a Pronunciar, a Articular, -a fijar la significación de las voces, i la propiedad de los términos, -a dar, a las Frases, el ENFASIS, que pida el Pensamiento. –expresar, con propiedad, las ideas, notando la Cantidad y el Tono que deben distinguirlas: porque, tan necesaria es la Cantidad en la Sílaba, para que sea Palabra, como el Tono en la Palabra, para que la locución exprese el Sentimiento”.

La Relación en recordar todo el significado de la “perspicacia espiritual”, aquello de sentir bien, de captar con sentido estético. Y había más de una lengua: “CASTELLANO i QUICHUA, el 1ero es de OBLIGACIÓN, i el 2do…de CONVENIENCIA, ¿Es Posible? que vivamos con los indios sin entenderlos?! Ellos hablan bien su lengua, i nosotros, ni la de ellos ni la nuestra”

Reitera nuestro autor en otros lugares la necesidad de hablar la propia lengua y la de conocer la de los indígenas. Se queja de que nos enseñen historias de caldeos y asirios y nada de los antepasados americanos. Había que dejar atrás la enseñanza del idioma como un mero conjunto de sonidos que nadie terminaba de entender, ya que enseñar “es hacer comprender”

“Los Sonidos (supongamos) que para el Maestro son Palabras, porque significan, para el Discípulo no pasan de simples sonidos –i si sobre signos, sin significados, se le dan, por significados, otros signos ¿Cómo le quedará la cabeza?”

Con otros términos se señala algo similar a la imagen de las cucarachas que todo lo cubren. Igual se hace con los estudiantes, cuando se los somete a un discurso aburrido, domesticado, cuando se los condena a hacer solo lenguaje, pero vacío, ahuecado, sin sentido, una cabeza cubierta de cucarachas, por dentro. Por eso insistirá:

“Leer no es estropear palabras por ganar tiempo, sino dar sentido a los conceptos: por consiguiente, el que no entienda lo que está escrito, no debe leerlo”

Ni leerlo ni expresarlo, por cierto. Y es que la comunicación social que soñaba, buscaba, enseñaba el maestro, requería de un conocimiento de las cosas, de los seres y del lenguaje. Don Simón nunca propuso congelar nada de las cosas del hombre. No anduvo predicando sobre paraísos perdidos ni proponiendo sociedades que ya no cambiarían más. Sin embargo, su preocupación por el sentido lo llevó a percibir lo que podía ocurrir con el deterioro del lenguaje. Para el momento que vivían las jóvenes repúblicas, cierta estabilidad en los significados, cierta constante de sentido, era necesaria, ya fuera ésta la que había sido útil anteriormente o la que habría sido útil anteriormente o la que habría que crear para, y con la “jente nueva”.

“La degeneración de sentido en las palabras nos demuestra la ignorancia o la perversidad del hombre: al recordarnos cada signo lo que valió, nos advierte que lo mejor puede volverse malo o hacerse mal”.

Por ello pedía evitar en el alfabeto los adornos, las letras con colas, uñas y dientes; pedía la simpleza en la grafía, para llegar al “esplendor de la claridad”. Y rechazaba los intentos de innovación de las formas del lenguaje, propuestos por la escuela lancasteriana, porque la función de aquél era la de comunicar y para ello había que hacerlo comprensible. Lo que no significaba, insisto, negar la creación, la iniciativa, sobre todo de los jóvenes. De hecho, como veremos en el capítulo siguiente, el maestro buscó formas distintas para su lenguaje, a fin de acentuar la significación, de llegar con más fuerza a sus destinatarios.

“La Juventud americana necesita abrir los ojos sobre su situación política, y los niños tienen que aprender a leer: los jóvenes que han de remplazar a los padres de hoy, deben pensar y escribir mejor que sus abuelos, si quieren que en América haya Patria y Lengua”.

Mencionamos esta última preocupación en el capítulo introductorio a nuestro trabajo. La fundación de la patria requería de la lengua. Pero nuestro autor no se detuvo en esa propuesta. Desarrolló todo un sistema de presentación del discurso escrito para acercarlo, en primer lugar, a los énfasis propios del oral, y para recuperar todo lo que el pensamiento intenta transmitir. Un lenguaje válido para retener, expresar, el sentido. También esos recursos eran necesarios para la utopía, don Simón proponía un discurso nuevo para la “jente nueva”.

LA FORMA ES UN MODO DE EXISTIR

He tomado esa frase textual de Luces y Virtudes Sociales, porque en ella se sintetiza la concepción del maestro sobre el lenguaje. Los pensamientos, las ideas, los principios, requieren para su presencia social de una forma adecuada. Sin ella o bien se llega a no ser comprendido o se lleva a los destinatarios al tedio, a la confusión. Quede claro, forma en función de pensamientos, ideas, principios. Ningún desliz a lo largo de la obra hacía algún tipo de formalismo, ningún estecismo mal entendido. Sí, el juego con los sentidos, sí la enseñanza con gusto, sí la percepción del sentido también a través de la forma que se da al discurso.

Con estas últimas seis palabras (forma que se da al discurso) don Simón introduce su percepción del lenguaje. Son páginas preciosas que hemos incluido en nuestra sección Documentos. Las publicó el maestro en sus Luces y virtudes sociales, cuando vio la necesidad de mostrar las claves de sus propuestas discursivas. Hay allí una líneas que se ligan directamente con lo de la forma como modo de existir.

“No se trata de la importancia de la Palabra porque no hay quien la conozca, La Importancia de su PINTURA la conocen pocos bien, muchos…si piensan en ella no obstante, Se puede pintar sin hablar, pero no hablar sin pintar”.

El símil no puede ser más sugerente: quien pinta algo más que lo que aparece a la mirada en las monótonas líneas de los libros. La página se convierte, se recupera, como un espacio visual. Don Simón quizá percibió algo de esto en Europa. Ya aparecían las publicaciones que buscaban llamar la atención al lector. Fourier, por ejemplo, utilizaba algunos gruesos caracteres en sus escritos. Pero las posibles influencias interesan poco aquí. En la lectura que hemos hecho de los pensadores utópicos del XIX no hemos encontrado una propuesta como la del maestro. Y es que la recuperación de la página como espacio visual se liga al resto de su pensamiento con una coherencia endemoniada. En efecto, desde las propuestas de lectura en totalidad de la propia situación social hasta el pedido de pintar con palabras, hay una continuidad que va del sentido descubierto al sentido expresado, transmitido, compartido. Si se negaba para la primera fase la monotonía de la enseñanza, la parcialidad; no había por qué no atacar en la segunda las fallas de comunicación. En definitiva, la pintura con la palabra nos acerca lo más posible a la expresión oral, a una elocuencia fundada en principios, a una retórica educativa, para los sectores que todavía no están fuera de la ignorancia, y a una presentación de los temas por aforismos, para quienes ya saben.

Esa elocuencia fundada en una filosofía, en principios sociales y pedagógicos, es probable que el maestro la haya vislumbrado en la obra de Capmany, “Filosofía de la elocuencia”, escrita hacia 1777. La mención que hace de este autor no es casual (nada en su creación lo es); pero el desarrollo de la misma, la inflexión que le dio con respecto a la realidad de nuestra América, constituyen un aporte que muy pocos reconocieron en su tiempo, y que muy pocos reconocen hoy.

La forma se ligaba a pensamientos, a ideas, a principios:

“Observarán también a los jóvenes…que el arte de escribir se divide en 2 partes, 1ro. Pintar las palabras con signos que representan la boca (…) 2do. Pintar los pensamientos bajo la forma en que se conciben…(en la estructura de estas páginas se ve el ejemplo). En el modo de pintar consiste la expresión, y por expresión se distinguen los estilos. No se han de ensartar las ideas en un renglón, como las perlas de un collar –porque todas no son unas. El que lee debe ver en el papel, los signos de las cosas y las divisiones del pensamiento, Sin esto no lee bien.

Ahorrar papel es ahorrar expresión; y el lector en lugar de despertar la atención por la variedad de tonos y tiempos…..la adormece por la monotonía y por el isocronismo”

Las palabras son aquí inequívocas: la pintura está al servicio del pensamiento y hay que respetar tonos y tiempos. En otro pasaje afirmará que si para la música se utiliza mucho papel, vale lo mismo para el lenguaje. Equivocar tonos y tiempos equivale a equivocar el sentido, y es éste el que interesa. De allí que las palabras en el papel tengan que ofrecer a la mirada, a través de su pintura, toda la fuerza de la elocuencia, de la declamación incluso:

“El mismo profesor que reprueba la distinción de ideas, por la separación o por el aislamiento de lo escrito, tendrá, que valerse de algún escrito, tendrá, que valerse de algún arbitrio para distinguir hablando, cuando enseña a leer (si es que, la declamación entra en su enseñanza….si es que no está creyendo….como otros muchos….que solo en el teatro se declama, o que declamar es ahogarse en sus palabras, hacer contorciones y echar espuma por la boca”.

Si en nuestro tiempo se está bregando por volver al discurso oral, si se han multiplicado las denuncias a los límites de lo escrito, si la recuperación de la memoria histórica de diferentes comunidades se hacen preferentemente a través de los testimonios orales directos, si los colegas lingüistas vas descubriendo el discurso dicho, ante el que se nos presenta con toda pasividad en las páginas de los libros; si la escuela formal en nuestros países se apoya en un discurso domesticado, carente de la menor fuerza, de la menor emoción; don Simón eligió el camino de recuperar la expresividad sin dejar de lado lo escrito. Para ello había que romper con una tradición que pesaba entonces, y que ahora infinitamente más:

“La lectura es de despacho o de gusto: la primera es para escritorios, escribanías, relatorías, secretarías; porque es para informar, ayudarlo a la memoria. La segunda es para instruir, excitando sentimientos –la narración (subrayo lo que el subraya) es la especie más sencilla y necesita hacerse con mucho gusto, para interesar al oyente en los sucesos –la exposición pide algo más ¿Qué no pedirá el DRAMA?¿Serán mal empleadas algunas hojas de papel más, en obsequio de la intelección y en socorro del lector?¿Será más interesante divertir al oído que instruirlo?...¿Se ahorra papel en la música?...¿o se gasta todo el necesario, para ayudar al lector a descifrar lso conceptos, que ha de expresar cantando o tocando, en solo o en concierto?”

La lectura de despacho sigue siendo plaga en nuestro tiempo, en especial en el campo de la enseñanza. Pienso en los tediosos discursos, isócronos, monótonos, que deben soportar los públicos cautivos de la escuela primaria y media; pienso en las palabras que van y vienen, exangües, sin vida alguna; pienso en buena parte del discurso universitario. Don Simón tendría mucho que decir al respecto: la inmenza mayoría de los docentes universitarios no ha sido capacitada para la docencia, ese arte que permite llegar con gusto a los destinatarios. La expresión de despacho asoma en los textos, en las clases, en los discursos, en los libros. Se confunde información con formación y aquella aparece sin ningún recurso de comunicación. No es igual escribir para oficinas, escribanías, que hacerlo para jóvenes; no es igual hablar…

“Al Orador toca presentar sus Pensamientos bajo el punto de vista en que otros lo han de considerar. Por la facilidad con que el auditorio conciba, y Por la exactitud con que retenga, juzgará el orador del mérito de su trabajo. El Escritos tiene que disponer sus páginas para obtener el mismo resultado, luego el arte de Escribir necesita dl arte de pintar”

Ese paralelo entre el orador y el escribir sirve de base para la presentación del código que permite reconocer el sentido que el maestro pone en juego en la forma de su discurso. No son muchas las claves, pero su uso permite juzgar las divisiones del pensamiento y los énfasis de la inflexión de la voz.

“en el discurso HABLADO, los tonos y las Pausas, son los signos de importancia, el acento y las modulaciones, son los … F4 y relación. En el discurso ESCRITO, el tamaño y la variedad de los caracteres, indican los tonos; la separación y el aislamiento, de las frases, indican las pausas. La Separación se pinta poniendo a palabra o la frase entre puntos El aislamiento se pinta, poniendo, la palabra o la frase, en medio de la página. Las elipsis se pintan, poniendo un punto debajo de la palabra omitida.

Los Guiones indican relación; las Llaves la conexión, para ejecutar (subrayo lo que él subraya) esto es menester sentir”

¿Qué más decir? La palabra ejecutar nos remite a la música, a los sonidos, que en la página deberán ser pintados. No desarrollaré aquí la manera en que todo esto es relacionado con la formas de percibir y de pensar, con los paradigmas y los cuadros. Remito al lector al texto incluido en la sección Documentos. Señalo solo que el discurso tiene una terrible coherencia, una hermosa trabazón. Los paradigmas se forman también a través de la capacidad de sentir y los cuadros (las estructuras, diríamos ahora) se apoyan en los paradigmas. A la vez, para ejecutar la forma de lenguaje, es “menester sentir”.

LA FIESTA DEL LENGUAJE

¿Y si el lenguaje fuera también una fiesta?. La Capacidad de gozar con la palabra ha sido brutalmente excluída de la escuela latinoamericana. Los niños son sometidos a un lenguaje carente de la más mínima palpitación, domesticado, tedioso. Toda la riqueza de ese recurso que nos hace humanos se ha convertido en un sistema de reglas y prohibiciones, en una tortura, en un foco de frustraciones y tensiones.

La fiesta del lenguaje es vivida fuera de la escuela, en las relaciones cotidianas, en el retruécano, la burla, el doble sentido, el chiste, el juego de palabras, el sentido de oportunidad, la imitación, el uso de diminutivos y exageraciones… La fiesta del lenguaje ha sido siempre un modo de encuentro entre los seres, un sistema de reconocimiento. Cuando empieza a faltar es que algo se está muriendo en determinado grupo social. Los seres, las sociedades, también se secan, se marchitan, y esto no tiene por qué no manifestarse en el lenguaje. Cuando desaparecen la alegría, el color, la vida, la energía en las diarias expresiones, algo se esta muriendo.

Todo estuvo vivo en el discurso de don Simón hasta el final, aun en las cartas y tinta para escribir, la vida brotaba por todas partes. Sus propuestas explícitas en cuanto a la forma que se refiere al discurso tuvieron su constante confirmación en el uso de imágenes, en la burla (no la que daña, sino la que juega con sonrisa abierta), en el tono polémico, en las increíbles pinturas de sí mismo y de otros seres. Su esplendido estilo no soo se manifestó en las propuestas de pintar con la palabra; puso en obra esas propuestas, no dejó de pintar nunca. Ello incluso en las obras certificadas. Su escrito sobre La desviacion del río Vincoya termina así:

“¡¿Quién creería que una ACEQUIA diese motivo para escribir tanto? O el que escribe es un hablador y ha aprovechado de la acequia, O la acequia estaba reventando por hablar, y ha aprovechado del escritor”.

Es del maestro un lenguaje de acción. Pasan cosas en su discurso, nos muestra, pinta, seres, situaciones; nos teatraliza algo; nos llama la atención hacia determinado símbolo y lo compara de otra manera para hacer saltar en pedazos la significación más corriente; nos introduce voces que contradicen, que piden, que insultan…Lenguaje vigoroso, borboteante, y a la vez fundado, sin improvisaciones ni golpes bajos a la credibilidad o a la sensiblería.

Donde esa capacidad alcanza su máxima expresión es en la Defensa de Bolívar. Allí nuestro autor se debate contra quienes tenían el poder, contra los realistas de viejo cuño y contra las opiniones cotidianas. Nos introduce argumentos, nos muestra personajes de una sola, certera pincelada, nos recrea diálogos, nos agita refutadores, nos trae a cuanto refranes, libelos, declaraciones, caras. Todo un cuadro social a través de un torrente discursivo. Para pintar en totalidad es preciso expresarse en totalidad.

Pero vayamos a algunos ejemplos. Retomo un texto de la desviación del río Vincoya:

“De esta especie de hombres no falta en ninguna parte –los taciturnos y los egoístas los han tenido, en todos tiempos, por locos; y no pudiendo encerrarlos, han encerrado sus libros…Biblioteca no es sino colección de entrometimientos. Allí van a divertirse hombres de juicio; y con juicio o sin él, cuando alguno quiere saber o aprender algo, no se desdeña de preguntar a los curiosos… ¿saben Ustedes di hay algún entrometido, que haya escrito sobre tal cosa que me interesa?”.

Y con respecto a la tradicional imagen de la justicia:

“Los antiguos Vates materializan la idea de los justos, figurándola en una mujer sentada, que llamaron TEMIS, para indicar el reposo en que sebe estar el juez – le Bendaron los ojos, porque el juez no ha de ver personas –le dieron un semblante sereno, porque el juez no se ha de apasionar –le pusieron balanzas en la mano izquierda, porque el juez no se ha de inclinar más a un lado que a otro, i en la derecha una espada, con que amenaza al culpable, porque el juez no ha de perdonar”(…) Mis balanza (dice la Diosa) se ha vuelto balanzas de frutera = platos de hoja de lata –astil de palo- fiel romo, que se detiene donde quiere el codo: mi benda se la ponen floja, para poder ver de medio cuerpo abajo, i juzgar por las faldas del vestido: ya mi semblante no es sereno, sino airado, para amedrentar al desvalido: mi espada se ha vuelto estoque de jugador de manos, que se alarga o se esconde en el puño, según lo requiere la suerte”.

Podría multiplicar los ejemplos. Dejo la tarea al lector, lo más aconsejable es ir a la obra de don Simón. Hay en ella mucho que aprender e investigar todavía. Los comentarios, los textos que conforman este trabajo se orientan a destacar esos fundamentos, esas propuestas para la práctica:

v Pensar en totalidad.

v Cultivar la capacidad de sentir bien las diferencias.

v Consultar las circunstancias.

v Fundar el discurso político en una utopía democrática.

v no reglamentar la vida ajena.

v Cultivar ideas, principios.

v Relacionar teoría y práctica.

v Reconocer a los medios su cualidad de medios.

v Aprender a pintar con las palabras.

v Reconocer que el destino de la patria pasa también por el lenguaje.

v Distinguir la lectura y la escritura de despacho de la comunicación social.

v Aprender a escribir con gusto, a instruir agradando.

v no renunciar nunca a la fiesta del lenguaje.